El país de Japón, conocido por su significado literal como «La tierra del sol naciente», es una de las mayores potencias del mundo. Su población asciende a 127 millones de personas situándose en el décimo puesto de los países más numerosos del mundo. También es el sexto país exportador y el octavo importador.Dadas esas características, el perfil del japonés en Madrid se presenta bajo la condición de inmigrante emprendedor, con un alto nivel de instrucción y desempeñando trabajos en puestos de gran responsabilidad y claves para empresas. Suele ser una migración temporal y las edades quedan comprendidas entre los 24 y los 44 años.
La presencia japonesa en Madrid no es muy numerosa y no tiene un pasado muy extenso. Hasta mediados de la década de los 60 la migración nipona se dirigía a Estados Unidos o a Sudamérica a países como Brasil, México o Perú, que cuentan con grandes colonias asentadas. Los sectores a los que se dedicaban eran el comercio, la agricultura o la construcción.
Durante los años 60 y como consecuencia de la liberalización de la economía española, surgió el interés de esta sociedad por el mercado español y su mano de obra barata. Fue entonces cuando comenzaron a proliferar las filiales de multinacionales japonesas que se consolidaban como empresas con una organización basada en la flexibilidad, la innovación y la alta competencia. Eran sobretodo empresas dedicadas al sector de la electrónica (Panasonic, Pionner, Seiko, Canon...), del automóvil, de productos químicos y a la banca.
En los años 80 aumentó considerablemente el número de japoneses afincados en nuestro país coincidiendo con la entrada de España en la Unión Europea en el año 86.
No obstante, la migración japonesa que España venía recibiendo se frenó durante los años 90, cuando el país asiático se sumió en una grave crisis económica y financiera que hizo que las filiales en España se trasladaran a Europa del Este y China, países en esos momentos con una mano de obra más barata.
Con la posterior recuperación económica, Japón vuelve a consolidar la presencia en Madrid de multinacionales, y la recepción de sus trabajadores y turistas vuelve a constituir una comunidad inmigrante que aunque no numerosa goza de gran poder en nuestra sociedad.
Por supuesto, no hemos hablado hasta ahora de un aspecto de atracción de japoneses a nuestro país que no goza por ello de menos importancia. Y es que todo lo referente a nuestra cultura identitaria y al imaginario que de ella tienen los japoneses les fascina. El flamenco es uno de los rasgos culturales por el que más se sienten atraídas sobretodo las mujeres.

Akako es una joven japonesa (o eso me parece a mí. El caso es que cuando le pregunto su edad se asombra de que lo haga y se avergüenza de los casi 40 años que tiene a pesar de aparentar ni si quiera los 30) que vino con la intención de aprender a bailar flamenco. Lleva aquí tan sólo dos meses y me deja boquiabierta con su nivel de español. Lo está aprendiendo en la escuela Hispania Estudio 2 situada en la calle Santiago, en los aledaños del Palacio Real. La decisión de venir hasta aquí le costó 5 años de meditación y asegura que no se arrepiente, a pesar de reconocer que ha dejado muchas cosas atrás, entre ellas su trabajo como terapéutica ocupacional en un hospital psiquiátrico.
Al llegar aquí se entusiasmó con la sociedad española, a la que quiere estudiar en profundidad;concretamente el envejecimiento de la población española, rasgos que nuestra demografía comparte con la japonesa.
Afirma que ambas sociedad tienen también muchas diferencias. Un rasgo que le llamó la atención es el individualismo de los españoles. En Japón, me cuenta, que la colectividad es lo más importante. “Siempre tienes que estar pendiente de los demás. A veces no puedes hacer lo que te apetece porque tratas de satisfacer los gustos de los demás. Aquí me siento mucho más libre de poder decir y hacer lo que me venga en gana”.
Yuki tiene 28 años y proviene de la ciudad de Okayama, situada al sur de la isla, aunque trabajaba en Tokio como traductora de inglés y japonés antes de decidir emprender una nueva etapa en España. Quiere aprender nuestro idioma para ampliar su abanico a la hora de ejercer su profesión. En un principio venía con la pretensión de regresar a Tokio con el español aprendido, pero la vida aquí le gratifica y le gustaría poder desempeñar su trabajo aquí, “a pesar de que la situación esté complicada. No quiero ganar mucho dinero. Tan sólo quiero experiencia”, asegura entre risas con ese sentido del humor que tienen las japonesas.
Nos cuenta que lo que más le extrañó al llegar a Madrid es la multiculturalidad que se ve por las calles “en Japón es difícil observar a tanta gente extranjera y de países tan diferentes como se ve aquí. Eso me sorprendió positivamente”.
No echa de menos la vida japonesa, aunque asegura que mantiene el horario de cena que tenía en su país, bastante antes de la hora española. Otro de los rasgos de la vida estudiantil española al que no se adapta es a la fiesta. “los universitarios salen todos los días del fin de semana. En Japón no tenemos esa costumbre. Preferimos quedar en un restaurante y charlar durante horas”, afirma riéndose.
Mayumi es la más joven de las entrevistadas. Tiene 23 años y le hace mucha gracia cuando le digo que tenemos la misma edad. Su profesora de español me advierte de que tiene muchos pájaros en la cabeza. Sin embargo, tras esa fachada de joven alocada se aprecia la madurez que está experimentando tras su estancia en España lejos de su familia y amigos. En Japón estudiaba la carrera de Económicas, la cual paralizó cuando tan sólo le quedaba medio curso. Decidió venir a España porque quería vivir una experiencia nueva y demostrarse a sí misma sus capacidades a la hora de adaptarse a otras culturas. El imaginario que tenía de nuestro país ayudó mucho a su elección. “pensaba que en España la gente era abierta, la comida estaba muy rica y había mucho sol. Eso para mí era muy importante”, comenta entre risas.
Lo que más le gusta es la fiesta de los jóvenes españoles, con los que comparte piso además de con un grupo de chinos. De éstos dice que son muy cerrados y que no se relacionan tanto con los españoles como ella.
Mayumi pretende que su estancia sea temporal para volver a su país a terminar sus estudios y quién sabe si después regresar aquí; pero eso sí, como una trabajadora más.
También ha realizado voluntariado en la Cruz Roja atendiendo a inmigrantes sin papeles, algo que le encanta pero que a su vez le chocó al llegar aquí “Ya había colaborado como voluntaria en mi país y allí el voluntariado se entiende de otra forma. Allí trabajábamos, construíamos casas y escuelas. Aquí el voluntariado tiene un significado más psicológico. Se trata de ayudar a los demás hablando. Y eso me resultó extrañó a principio”
Afirma que estando aquí echa en ocasiones de menos su tierra. Por ello ha empezado a recibir clases de Karate, a pesar de que nunca antes lo había practicado. “como en la clase soy la única japonesa aprovecho y practico también mi español”, comenta riéndose.
El cine japonés es cada vez más conocido en España, con embajadores como Kurowasa o Kore-eda; así como el español va ganando popularidad entre la población japonesa. Naoko es el engranaje entre ambas cinematografías. Su marido es director de cine independiente en Japón y ella ha venido a España para empaparse del cine español y llevarlo allí para que se conozca. “Allí sólo se conocen las películas de Almodovar y mucha gente no las entiende porque son situaciones un poco raras. Por ello hay que comprender profundamente la cultura del país para asimilar su cine”, asegura Naoko.En Japón trabajaba como economista con una jornada laboral estresante. Un día se cansó y decidió dejarlo todo y venir a estudiar. Pretende pasar 3 años aquí y regresar con el cine español bien estudiado.
Como comunidad extranjera asentada en Madrid desde hace ya unas décadas, también tiene centros dedicados a exportar la cultura de Japón a todos los españoles que se quieran acerca a la misma.
En el centro “Arte y Cultura de Japón” en la calle Juan Ramón Jiménez tienen como principal objetivo la divulgación de las diferentes manifestaciones artísticas y culturales japonesas, como son el ikebana ( cultivo y decoración con plantas), la lengua japonesa, los jardines zen, el shodo (caligrafía) el sado (ceremonia del té) o el origami ( papiroflexia). Su directora Rikako Yano, japonesa afincada aquí desde más de 20 años es una experta en las artes japonesas y la mejor embajadora de la misma.
El colectivo de japoneses de Madrid es variopinto y muy curioso, con grandes conocimientos y modos de entender la vida, que van más allá del sushi, las geishas o el karate y a los que merece la pena acercarse y seguir la pista.
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