En Madrid son conocidos los shakespeares de la literatura rusa, Tolstói o Dostoyevski; el esplendor del ballet ruso o la música celestial de Tchaikovsky. Pero qué experiencias traen consigo los ciudadanos rusos afincados en la capital de España. Conocemos realmente cómo es esa comunidad estigmatizada como muchas otras por estereotipos que en nada contribuyen a acercar ambas culturas. Rusia es el país más extenso del mundo con una superficie de 17.075.400 kilómetros cuadrados, más de la novena parte de la tierra firme del planeta, y con grandes diferencias tanto geográficas como políticas, religiosas o culturales. También se trata del país con las mayores reservas de recursos minerales y energéticos del mundo todavía sin explotar, y es considerada la mayor superpotencia energética.
Los flujos considerables de la inmigración rusa en Madrid son relativamente tempranos en comparación con otras comunidades extranjeras. Si bien no se trata de una inmigración muy numerosa. En España se calcula que hay unos 45.000 rusos legales; y esa misma cantidad la sumarían los que se encuentran en situación irregular. En la Comunidad de Madrid tan sólo residen el 10% del total, pues los rusos afincados en nuestro país eligen destinos costeros o del sur de España para vivir.
El desmoronamiento de la Unión Soviética en los años 90 y la falta de oferta de trabajo junto con el alto nivel de vida que tenía España en aquellos años, hizo que muchos ciudadanos rusos dejaran atrás su país en busca de mejores condiciones de vida.
Si de algo pueden presumir es de su excelencia en las artes y las ciencias y de unos índices de éxito educativos altísimos. Es por ello que a diferencia de otras diásporas, la rusa goza de buena cualificación y alto grado de preparación, dedicándose a sectores como la enseñanza, la ingeniería, la medicina o la música. Para promover la cultura y la lengua rusa en España nació en 2001 la Asociación cultural España- Rusia. Organizan veladas dedicadas a poetas y escritores rusos, así como exposiciones de pintura o conciertos de música clásica. Y es que cabe destacar que la mayoría de las orquestas sinfónicas de España cuentan con muchos compositores de origen ruso.
Andrei Silin es el vicepresidente de la Asociación y único ruso en el Consejo Directivo. Lleva 11 años en Madrid. Vino como funcionario estatal del dentro cultural y científico ruso. También ha sido director de la Fundación Pushkin, una de las más renombradas en Madrid. En su país estudió filología de lenguas románicas. “siempre me había sentido atraido por los países que hablaban esas lenguas”, comenta Andrei.
Algo que le llama la atención es el imaginario que se tiene de los rusos. “cuando se habla de mafia rusa resulta que de 40 personas implicadas sólo hay 3 rusos. Los medios de comunicación han hecho mucho daño y ayudan a crear un estereotipo que provoca el miedo en los españoles”, afirma Andrei.
Cuando llegó a Madrid lo que más le llamó la atención fue la suciedad de los bares. “Al principio no entendía por qué en los bares se tira todo al suelo. Luego comprendí que cuanto más sucio esté un bar, mejor es”, comenta entre risas.
Anna es una joven rusa de 23 años. Proviene de la región del sur de Rusia, cercana al Cáucaso. Lleva casi una década en Madrid. Vino con sus padres, porque asegura que estaban cansados de la vida de allí. “Donde nosotros vivíamos no había clase media. Además, la seguridad escaseaba en una zona donde las mafias chechenas y el terrorismo afgano estaban muy presentes. Lo malo es que se piensa que todos los rusos somos mafias por culpa de una minoría”, comenta Anna.
Dada la magnitud del país ruso, el clima frío de Moscú o Siberia no se da en todas las regiones. Anna asegura que no ha notado tanto el cambio de clima porque donde ella vivía llegaban incluso a los 40 grados en verano. “de hecho soy muy friolera y no bebo vodka para entrar en calor” agrega entre risas.
Para los inmigrantes rusos la primera barrera a salvar a la hora de integrarse es el idioma. “al principio me costaba mucho. Incluso no me querían admitir en el instituto. Lo aprendí en apena cuatro meses. Además, siempre está el idioma de gestos con el que te puedes comunicar”, cuenta la joven.
Con 17 años Anna ya trabajaba como consultora financiera. “Hasta que llegó la gran crisis y el negocio dejó de funcionar. Ahora prefiero dedicarme a otros sectores más artísticos, como los dibujos animados o videojuegos inspirados en buenos valores para llegar al corazón de los más pequeños”, afirma con rotundidad.
Nos cuenta que no extraña Rusia y que aquí se siente muy bien. Incluso tiene un lugar predilecto al que le gusta ir para conectar con su tierra. “En Fuenlabrada hay una explanada que me recuerda a la vista que tenía desde mi ventana en Rusia. Sólo tengo que mirar los árboles, los pájaros o las estrellas para sentir que estoy allí”, comenta con aire nostálgico.
Ludmila trabaja como médico en la Clínica San Rafael. Proviene de la antigua ciudad de Stalingrado, al sur del país. Se considera una sureña a la que le gusta el calor y las ciudades grandes como Madrid. Nos cuenta que los inicios en España hace ya 10 años fueron muy duros. Tuvo que trabajar como camarera o teleoperadora hasta que 3 años después de su llegada le fueron homologados sus estudios de medicina. “Quería conocer mundo. Hubiera sido todo más facil en países nórdicos de Europa, pero son un tanto ajenos para mi. Quería vivir en un país cálido” afirma Ludmila.
A pesar de la distancia geográfica entre España y Rusia, el colectivo ruso afincado en Madrid insiste en afirmar que son más las similitudes que las diferencias entre ambas comunidades. “El primer contacto es diferente. Los españoles son más lanzados y los rusos tenemos más recelo; pero una vez que se conocen , los rusos son tan abiertos y divertidos como los españoles. Lo de la fiesta es inherente a ambas culturas”, asegura Ludmila entre risas.

Como dijo el célebre escritor ruso León Tolstói, “el arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres”y está demostrado que la cultura rusa y su comunidad en Madrid tienen mucho que aportarnos y enseñarnos.




